PEYOTE ASESINO - El regreso

TANTA PARLA
Por Daniel Renna

 

 

Cuchá, cuchá. Seguro que en todo estos años habrá oido millones de palabras astutas sobre estos tipos. Que el Peyote Asesino es un grupo fundamental en la historia del rock uruguayo, que trajeron el sonido de los 90’s a Uruguay, que en vivo volaban cabezas y pateaban culos, y que casi, casi logran hacerse grandes en Latinoamérica. Todo esto es completamente cierto. Si alguna vez hubo hype con El Peyote, se basó en hechos reales, que tal vez el tiempo se encargó de engrandecer y mitificar. Da igual, ya que podrá ver todo esto en vivo dentro de muy poco. Si, jovencito. El Peyote Asesino está de vuelta. Está acá. Y para demostrar que todo lo que se ha dicho de ellos como un mantra estos últimos 10 años, es la jodida verdad. El legado está intacto, preservado como un cactus en el desierto. “Dos cabezas piensan más que una. Consuma Peyote”, decía un flyer de mayo del ‘95. Joven, haga caso. Yo estaba allí, cuando todo empezó. Escuche la historia que sale de mi cabeza. Su parte es usar la suya  y disfrutar de este Peyote Asesino. Imagino que ya sabe donde y cuando hacerlo.
    El Peyote se había formado en  1994 y debutaron en vivo en agosto de ese año en un pub llamado El Perro Azul. La banda tenía una formación diferente a la conocida por todos, pero allí estaba el núcleo central de Juan Campodónico en guitarra y L. Mental (Fernando Santullo) en vocales. Puede decirse que el Peyote tomó forma en Uruguay, pero en realidad  todo comenzó años atrás en México. “Nosotros vivimos 10 años en México,, cuando la dictadura militar en Uruguay”, decía L.Mental en una entrevista de la epoca. “ Somos uruguayos que crecimos en otro país, pero no nos dimos cuenta”. Y agregaba Carlos Casacuberta: “Teníamos 17 años, una edad en que te das cuenta de que todo es una mierda pero no podés hacer nada al respecto. El grupo es un poco el resultado de todas esas idas y venidas.”
El  melting pot de la experiencia mexicana, la rabia y la frustración adolescente, toneladas de TV y películas de serie B, el ejemplo de Sumo; en buena  medida explican el incipiente fenómeno del Peyote Asesino en Uruguay. Era 1994, y estos tipos estaban haciendo una música absolutamente contemporánea con lo que estaba sucediendo en el mundo: el Peyote era la banda había que ver.
    En  octubre de 1994 el suplemento Rock de Primera de Ultimas Noticias, donde yo escribia, junto a X FM y el programa de TV Control Remoto, organizamos un concurso de bandas llamado “Generación 95”. La condición fundamental para presentarse era no haber publicado un disco oficialmente y el premio era la grabación de un álbum en formato CD, algo a lo que muy pocos grupos de rock podían llegar en esa época. Llegaron decenas y decenas de demos, algunos horrendos, algunos decentes, y un puñado muy buenos. Pero la banda de la que todo el mundo hablaba no se presentaba. Todos sabíamos que El Peyote Asesino era el mejor grupo unsigned de Uruguay. En un medio tan pequeño como el de Montevideo, nuestras inquietudes llegaron a ellos. Lo hicieron al final, y creo yo, no muy convencidos. Pero amigo, su maqueta de tres temas estaba a años luz del resto. No solamente por tener una propuesta musical seductora. Había canciones. El 28 de diciembre anunciamos que el Peyote Asesino era el ganador.
El álbum se grabó entre julio y octubre de 1995 en los estudios Del Cordón, con la producción del propio grupo y de Gabriel Casacuberta de Plátano Macho. Agregaron dinero de su bolsillo  para aumentar el reducido presupuesto del sello. “El Peyote Asesino” se publicó a través de Orfeo en Diciembre de 1995 y el crítico Federico Medina dijo de él: “Hace un año, el poder escuchar un grupo nacional como El Peyote Asesino era nada más que un sueño.”  Tenía razón. Los 90’s llegaron definitivamente al rock de Uruguay en 1995 con este disco, mucho  más que con cualquier otro. Guitarras feroces por parte de Campodónico y Casacuberta, groove infeccioso de una sección rítmica formidable con Pepe Canedo en la batería y Daniel Benia en bajo. Y por supuesto, textos inteligentes, agudos y provocadores –ya sea en inglés, spanglish, español, mexicano y uruguayo-  en clave de rap por parte de L. Mental. Un clásico instantáneo, con temas como “Chupando La Cuchara”, “Wanker”, “H.K”, la versión de “El Ojo Blindado “ de Sumo, o la de “Satisfaction” de los Stones pasada por el tamiz de los brasileños De Falla, y la genial parodia de “Gavilán o Paloma” del mexicano Jose Jose.
 “El Peyote Asesino”-y ahora viene la gran frase, amigo- es uno de los 4 o 5 mejores discos de la historia de rock en Uruguay,  y uno de los pocos que pueden ser considerados cruciales.

    Una hecatombre termonuclear.     Muchas cosa pasaban en la música uruguaya de los 90’s. Orfeo se hundía, y el gran productor discográfico de los 80s y 90s dejaba el país. Alfonso Carbone se iba a Chile para dirigir Warner, y si había algún grupo uruguayo para poder potenciar en Sudamérica, ese era el Peyote Asesino. Alfonso no pudo sacar al Peyote en su flamante nueva compañía, pero fue instrumental en darle el disco al pope del rock latino Gustavo Santaolalla (you know, Molotov, Leon Gieco, Divididos, Café Tacuba et.al.)  Y Santaolalla escuchó.
Despúes de arrasar en el circuito de shows y festivales en Uruguay –además de grabar “Penicilina” para el disco tributo a Los Estómagos publicado en 1996-  en septiembre de 1997 parten a Los Ángeles para grabar su segundo disco durante un mes y medio.
El producto final tenía el delicioso nombre de “Terraja”, y es otra bomba. El comienzo ultra pesado de  “Criminal”, el hit irresistible de “Mal de la Cabeza”, la genialidad via los Simpson de “UR Gay”; “Denso” que podría haber sido grabada por Infectious Grooves. Ya hay canciones premonitorias como “De Pedo y De Tos”, que intuyen futuras exploraciones de la música rioplatense en las carreras de Campodónico, Casacuberta y Santullo. “Terraja” fue  publicado en 1998 con gran éxito continental y presencia en MTV, vendiendo cerca de 30.000 copias en Argentina, Chile, y México. Jamás ningún grupo uruguayo había llegado tan lejos. Tocan en Mexico con Delinquent Habits y Control Machete, con Molotov y Bersuit en Argentina, y con Molotov y Plátano Macho en el Teatro de Verano de Montevideo.
Juan Brujo de Brujería diría: “Cuando escuché la fusión de Peyote Asesino de música y cantando en Spanglish, me cambió la vida! Esto puede ser un estilo de futuro.”
    Sin embargo, Peyote Asesino se separó en Mayo de 1999,  apenas publicado su segundo álbum y a punto de dar el gran salto al éxito definitivo en el rock latino. Se puede suspirar en esta parte.

    El Peyote Asesino está acá. 10 años después, El Peyote vuelve a estar acá. La separación fue dolorosa, pero nunca se cortaron los cables. Como es sabido, Juan Campodónico es EL productor artístico de Uruguay y el corazón de Bajofondo junto a Santaolalla,  Pepe Canedo toca la batería con La Vela Puerca, Carlos Casacuberta ha sacado su disco solista y también produjo a Jorge Drexler junto a Campo. En 2000 Santullo formó Kato en Montevideo, y luego se trasladó con toda la banda en Barcelona donde volví a ser su manager y tocamos junto a Anthrax y Napalm Death. Ahora ha terminado su disco solista con Campo como productor. Y Daniel Benia ha tocado en México y España con su proyecto Surelectro.
El Peyote Asesino se añejó todos estos años, y el horizonte aparece despejado para esta reunión. La banda le  abrió la cabeza musical al país 15 años atrás y  señaló el camino para que otros expandieran su música, profesionalizaran su propuesta y salieran al exterior.
De alguna manera, la percepción colectiva, coloca al Peyote en un lugar de poder, de justa apreciación. No es casualidad que los discos del grupo se encuentren en la red  principalmente en blogs de metal, un público más abierto de lo que se cree, y con un sexto sentido para validar el pedigree rockero de un artista.
Este es un instante absolutamente zen, joven amigo. El momento es aquí y ahora. Si este Peyote le ha abierto la cabeza, disfrute de la iliminación. Cuchá, cuchá cuchá.

Por Daniel Renna
Barcelona, enero de 2009

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